BULIMIA

BULIMIA

BULIMIA NERVIOSA:
Concepto: deriva del griego (Hambre de buey). Ansiedad y compulsión para comer. Ingestión rápida de gran cantidad de alimentos, sensación de culpabilidad y autoinducción del vómito además de la utilización indiscriminada de laxantes y diuréticos y ejercicio excesivo por el miedo a subir de peso. Es característico que nieguen éstas conductas).
ANOREXIA NERVIOSA:
Concepto: Pérdida del apetito y del interés por la comida de origen psicológico (en realidad si tienen apetito solo que la reprimen por el terror que tienen a la obesidad).
INTRODUCCCIÓN: El perfil del enfermo bulímico o con anoréxia nerviosa es el de una adolescente perfeccionista emocionalmente inmadura y muy dependiente del nucleo familiar, tiene terror a la maduréz sexual y tiene miedo de asumir el rol de adulto. La enfermedad afecta más a las mujeres entre los 14 y los 18 años, aunque la edad va descendiendo peligrosamente a las niñas de 12 años. Frecuencia: El 95% es para las mujeres y el 5% es para los hombres.
La personalidad de las anoréxicas son neuróticas, más ansiosas, introvertidas y obsesivas.
Respecto de la bulimia, se describen dos rasgos de carácter predisponente: baja autoestima e inestabilidad afectiva -que incluye tendencia a la depresión y a la impulsividad- con déficit yoico (baja autoestima), como poca tolerancia a la ansiedad y la frustración. La anoréxica, cuya conducta se corresponde con las características de esta etapa, intenta poseer un poder propio, ser alguien, a través de su control del cuerpo y el alimento. Las negativas a aceptar sugerencias terapéuticas que intentan un comportamiento  alimentario más armonioso, ponen de manifiesto esta situación. Sólo la unión del desintegrado psiquismo de la paciente, puede permitir el comienzo de un cambio definitivo.

Antecedentes: Haciendo historia de los trastornos alimentarios puede decirse que se recogen conductas alimentarias desordenadas desde la antigüedad y en los ágapes era frecuente recurrir al vómito provocado, pero para reiniciar la comilona. El comer abundantemente era privilegio de pocas personas, de ahí que el sobrepeso, la obesidad, era signo de salud, belleza y poder.
Ahora el modelo cultural ha sido sustituido por un deseado cuerpo delgado, tan delgado hasta llegar a la emaciación y la enfermedad. El precio a pagar por el culto a la delgadéz extrema es la bulimia y anorexia nerviosa.

En la actualidad, el acto de comer sigue siendo un fenómeno de comunicación social. A través de la comida el grupo se siente cohesionado e identificado, en la mayoría de los actos sociales la comida ocupa un lugar preferente.
El papel de la mujer es analizado a partir de los años 60, no sólo en relación con la moda, sino por el cambio social que se produce a partir de su incorporación masiva al mundo laboral. La ausencia de una persona que se responsabilice de los horarios de comida (papel tradicionalmente atribuido a la madre) la desaparición del hábito de comer en familia, la supresión de la merienda y la cena se destacan como factores que pueden conducir a una dieta errónea. La mala influencia de la televisión y de la moda y de los creadores de nuevos estilos de moda conducen a la idea equivocada de que el cuerpo humano es el que debe de estar de moda cuando es la ropa la que debe estar de moda en base a estilos de costura o de nuevos coloridos de tela en lugar de restringir el volúmen del cuerpo más allá de lo naturalmente permisible, puesto que las tallas menores de 7 (28) en las mujeres adolescentes las conduce a la desnutrición y al desequilibrio físico y mental. Con tal de lograr tallas inferiores que como médico se que es anormal pero para la televisión es la moda, incita a las adolescentes a imitar e intentar usar una talla de moda que no es correcta para su peso y estatura. Lo anterior ocasiona que caigan en hábitos alimenticios incorrectos y ya obsesionadas por estar a la moda y alcanzar tallas de niña siendo adolescentes en crecimiento y desarrollo, adquieren malos hábitos alimenticios que se vuelven verdaderos trastornos alimenticios atentando contra su salud y la vida misma.
La enferma anoréxica vive su cuerpo como un enemigo, se autocastiga constantemente y está en continua lucha con él porque no es como ella quisiera. En la bulimia el ritual de la comida se realiza en soledad, hay grandes sentimientos de culpa y la sensación de desesperación se vuelve a menudo intolerable. El vínculo con la comida se transforma en un vínculo humillante, vergonzoso y de esclavitud.

“Yo fui bulímico ­narra Ezequiel, de 19 años­. Formaba parte del 5% de los bulímicos del sexo masculino, ya que el 95% restante son mujeres. Comencé haciendo una dieta bajo control médico porque estaba excedido de peso, pero pronto y sin darme cuenta caí en la bulimia. Comencé a dejar de comer y aunque adelgazaba, seguía viéndome gordo en el espejo. Empecé a provocarme vómitos, cada vez que me daba un ataque de hambre y me comía todo. Luego incorporé los laxantes. Tomaba ocho o diez por día. Esto produce gran irritación, tanto en los intestinos, como en la faringe, lo cual puede ser causa de úlceras y cáncer. Seguí así por un año y varios meses. De 85 kilos había bajado a 50, pero yo me miraba al espejo y me veía de 100. No podía sentarme en una silla de madera sin que me salieran moretones; tampoco apoyar los codos en la mesa. Sentía terribles dolores abdominales por causa de los laxantes y sólo quería estar dormido”.
“YO TENÍA ANOREXIA y creo que después bulimia. Quería a fuerza tener un cuerpo como el de las modelos que pintan a la gente muy guapa. Pero creo que me obsesioné. Primero hice dietas y después me negaba a hacerlas, entonces empecé a comer muchísimo y a vomitar. Tenía pavor a engordar. Cuando me sentí muy mal fui a ver a un psicólogo para que me quitara esa obsesión. No fue fácil”. Este testimonio refleja la influencia que tiene el modelo de la delgadez entre las jóvenes, pero también evidencia que Erika ­quien nos relató esta experiencia­ tenía un problema psicológico que la llevó a esa conducta.

Es preciso por lo tanto reorientar desde la escuela primaria las ideas erróneas sobre la percepción de un cuerpo saludable, que no tiene porque ser excesivamente delgado. Porque de acuerdo a la moda y a la televisión estar a la moda es estar en desnutrición, estar enfermo física y mentalmente, eso te hace más bello o bella lo cual contradice la frase de “cuerpo sano en mente sana”; es el pediatra el que vigila el peso y la talla de los púberes y adolescentes basados en tablas especiales de crecimiento y desarrollo y sabemos cuando un niño se encuentra por debajo o por arriba de lo normal. No es la televisión ni la moda una base para aprender nutrición ni desarrollo y crecimiento en la adolescencia, tomando como base tallas para desnutridos.

El tratamiento es multidisciplinario, requiere del pediátra, nutriólogo, psiquiátra, psicólogo, endocrinólogo y el apoyo de la familia.

La prevención consiste en acercarse a los niños en las primarias, secundarias y preparatorias y hacer cultura nutricional, enseñar a los niños a comer lo suficiente como para mantener un peso y estatura adecuadas de acuerdo a su edad, enseñarles que solo existe “la salud o la enfermedad” y es más importante mantener la salud por encima de cualquier moda, por encima de cualquier pasarela.
Porque preservar la vida es más importante que imitar y que la nutrición correcta es lo mejor para concluir el crecimiento y desarrollo óptimo para cada uno de los adolescentes. Para desarrollar un cuerpo bello tenemos el deporte y el ejercicio con regularidad y disciplina.